La vida está llena de inconvenientes. Siempre habrá interrupciones y personas difíciles.
No podemos controlar todas nuestras circunstancias, pero podemos controlar nuestras reacciones. He oído decir que la vida es un 10% lo que a uno le sucede y un 90% de cómo responde a ello. Ninguna circunstancia puede quitarte tu paz. Una interrupción no puede quitarte tu entusiasmo. Tú tienes que entregarlo. La próxima vez que te veas tentado a estar molesto y frustrado, hazte la pregunta ¿vale la pena renunciar a mi poder, de todos modos? la vida es demasiado corta para estar molestos y ofendidos. Si permites que tus circunstancias controlen tu gozo, siempre habrá algún motivo para estar desalentado.
¿Te has planteado si estás escuchando más a la mente que al corazón? Mi impresión es que sí, y sabes lo que creo que la mente es un diablillo que tenemos dentro y que nos quiere constantemente engañar para vencer al corazón que es más sabio. ¿Cómo nos engaña? Haciéndonos creer lo que pensamos, porque así sentimos angustia y nos deprimimos y entonces nos volvemos sus prisioneros.
Hoy mi amigo JJ me ha dicho una frase muy sabía que quiero compartir con todos vosotros “muchas veces cuando Dios quiere darte un regalo lo envuelve en un problema, mientras más grande es el problema más grande es el regalo”.
También quiero compartir contigo este video que por lo menos a mi me da mucha paz.
Hay momentos que estamos cansados, sin concentración, sin energía, es el cuerpo y la mente que nos están diciendo, PARA, tómatelo un poco relax… sin embargo queremos seguir, forzar la máquina, pero aquello que estamos haciendo nos lleva horas porque realmente estamos sin gasolina. Y todo por esa creencia errónea de que está mal vaguear… no señores, vaguear es sanísimo, hay que permitirse no hacer nada más a menudo, son pilas para el cuerpo.
Desde que he vuelto, la vida se vuelto un poco complicada, siento que en la ciudad la vida consiste en tapar agujeros. Apenas hay tiempo para nada, y la creatividad está dormida. Es importante que todos seamos conscientes de que la ciudad nos come energía, y nos impide crear… ¡qué pena!, pronto volveré a mi lugar secreto en busca de paz.