El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'
2 de septiembre de 2019

Nos levantamos en un hotel estupendo, bajamos a desayunar a un buffet repleto de manjares, digno de dos mujeres famélicas. Como en este viaje, por razones que no vienen al caso, hemos tenido que reducir costes, por lo que hemos cogido mucho transporte público. Con la suerte de que China esta súper bien señalizado, nos fuimos en metro a otra estación de tren para coger un autobús local que nos llevara a ver los renombrados Guerreros de Terracota. La verdad es que siempre nos gusta más viajar como los locales, no en tours de turistas, pues es la forma de ver como ellos actúan entre sí y se comportan. Además, aprendes un montón de sus costumbres. La mejor de todas es su arte para colarse en todos las filas; técnica de a empujón limpio, que hemos tenido que aprender para sobrevivir.
Etiquetas: autóctonos, China, cultura, Guerreros de Terracota, transporte público, vacaciones, verano, viaje
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El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'
17 de agosto de 2017

Tras la noche ranchera un tanto austera, y un desayuno sobrio de esos poco cuidados y sin mimo (que poco me gusta la falta de delicadeza), nos vinieron a buscar los abuelos de mi queridísimo niño apadrinado, Julián, y de su bellísima mamá Claudia para pasar un día con una verdadera familia Colombiana. Lo pasamos súper súper RICO.
Etiquetas: amor, aprendizaje, café, Colombia, compañía, cultura, despulgue, familia, fermentación, gracias, lavado, pueblo colorido, recolección, secado, trille
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El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'
11 de agosto de 2016

Día completo, vagabundeando y descubriendo esta cultura tan sorprendente. El mercado multicolor lleno de utensilios de cocina, platos del día expuestos en vivo o realizados en cera, más de un pescado natural o envasado en bolsas sintácticas nos han dado la primera visión de lo que entendemos aún por el Japón más auténtico… Se respiraba paz, silencio y me maravilló el cuidado de cada pequeño detalle: los envoltorios, los pastelitos, la forma de colocar las frutas y los vasitos de té…
He de confesar, y no me importa, que a ninguna de las dos nos gusta la comida japonesa, todavía nos estamos resistiendo, sabemos que algún día sucumbiremos a esa parte del viaje que suelen denominar de delicatesen… Todavía no hemos sido capaces… Hemos recorrido más de 2 km en busca de un mísero pedacito de pizza (tampoco es nuestro fuerte) y por supuesto el ansiado vino blanco jajaja, eso sí con aceitunas aderezadas al toque del tempura, por aquello de estar en Tokio. La cena nos costó 35 euros, nos devolvieron 60 euros que cogimos pensando que nos habíamos equivocado, ya en el hotel nos dimos cuenta que se habían equivocado ellos.
Nos han encantado los edificios modernos, las impolutas calles sin ni siquiera papeleras, el caminar delicado de las mujeres vestidas de ursulinas, los ceniceros inexistentes… la no prisa y el saludo reverencial de cabeza en cualquier organismo (como andarán de cervicales los pobrecitos, no paran de agacharse) se respira un toque de Segunda Guerra Mundial, los taxistas y revisores trajeados con guante blanco… los ejecutivos de caminar cansado y un punto soberbio. El consumo de lujo común para nosotras excesivo… los niños de ojos rasgados vestidos de colores con caritas sonrientes. La emocionalidad sí visible pese a lo que siempre critican de los japoneses.
Etiquetas: cultura, envases, envoltorios, Japón, mercado, paz, silencio, Tokio, viaje
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