Día 6: Encuentro con la familia Palacio

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

17 de agosto de 2017

Día 6: Encuentro con la familia Palacio

Tras la noche ranchera un tanto austera, y un desayuno sobrio de esos poco cuidados y sin mimo (que poco me gusta la falta de delicadeza), nos vinieron a buscar los abuelos de mi queridísimo niño apadrinado, Julián, y de su bellísima mamá Claudia para pasar un día con una verdadera familia Colombiana. Lo pasamos súper súper RICO.

Primero paramos en Finlandia, otro pueblecito de gran colorido del eje cafetal. Tomamos café charlando sobre el país, sobre la política, sobre expresiones colombianas en el café preferido de Julián. Luego almorzamos en su finca El Carmelo un lugar de paz en el centro de Armenia, auténtica comida colombiana. Sin embargo, lo más entrañable fue la compañía. Nos acogieron con tanto cariño, con tantas atenciones que uno se sintió por un día parte de esta gran familia.

Después de comer partimos a la Finca de café El Guayabo, donde tuvimos la suerte que su tío, el propietario, nos explicara y nos mostrará con todo detalle el proceso desde la recolección (que en Colombia por la topografía se hace manual), el despulgue para quitar la cereza del grano, la fermentación durante 25 horas, el lavado, el secado en hornos y ya por último el trille (la eliminación del pergamino, y dejando el grano verde listo para ser clasificado por máquinas seleccionadoras que lo hacen por tamaño y peso) Fue todo un aprendizaje de la cultura cafetal.

Por la noche nos fuimos a la finca de Sandra, la tía de Julián y hermana de Marcela a cenar. Que familia tan unida, tan cariñosa, tan acogedora… Dios no tengo palabras para describir como nos han cuidado y nos han tratado. Luego no quedamos a dormir en El Carmelo, la finca de los abuelitos, Amparito y Óscar, no nos dejaron ir a un hotel. Son los auténticos anfitriones, el ejemplo del amor por la familia desde lo más profundo, de matrimonio con la personalidad y la complicidad de los años, del cuidado y del acogimiento. Sólo puedo decir GRACIAS Marcela y Julián por haberme permitido disfrutar de vuestra familia durante 24 horas, que se me hicieron escasas pero prometo volver en otro ratito.

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