La dicha de vivir
24 de agosto de 2010
Todas las mañanas cuando me levanto doy gracias por todo lo que tengo: mi familia, mi pareja, mi casa, mi cuerpo, mi conocimiento y sobre todo por poder disfrutar con todos mis sentidos la dicha de vivir.

Todas las mañanas cuando me levanto doy gracias por todo lo que tengo: mi familia, mi pareja, mi casa, mi cuerpo, mi conocimiento y sobre todo por poder disfrutar con todos mis sentidos la dicha de vivir.

Llevo dos meses en villas las playas, las terrenas, disfrutando de cada uno de los días, de cada paseo por la playa, de cada amanecer y de cada charla bajo las velas, estos parones de desestrés me ponen las pilas para seguir creando y trabajando de corazón con las personas.
Cuándo el ser humano no se atreve a vivir la vida que quiere, critica la vida de los demás, para sentirse mejor.
¿No sería más fácil, luchar por nuestros sueños, poner a flote nuestras pasiones?
Qué bien sientan a veces los días de soledad, esos días que uno se pasa entero sólo, sin apenas hablar con nadie, más que con algún conocido que se encuentra. Esos días que se viven al paso, y uno simplemente hace lo que le viene en gana.
De vuelta al sistema, la vida vuelve a la rutina. Se hace dura. cuesta acostumbrarse de nuevo a vivir como todos… cuesta acostumbrarse a estar lejos de la naturaleza, lejos del sol… yo respeto a quien le guste.
Pero yo pertenezco ya a otro sistema, a otro mundo más natural, más orgánico.