Como personalmente me dijo la madre Teresa de Calcuta alguna vez: "En los países occidentales nadie muere de hambre y ni siquiera abundan los pobres como en la India... pero existe otra clase de pobreza, la del espíritu, que es mucho peor. La gente está insatisfecha con lo que tiene, les aterra el sufrimiento y eso les lleva a la desesperación. Es una pobreza del alma, una sequedad del corazón que resulta mucho más difícil de remediar...
"El siglo XX ha estado marcado por el consumo, el ser humano entendió "éxito" como "tener", "eres lo que tienes". Hoy, ya en otro siglo, el hombre se siente vacío y busca nuevas sensaciones constantes, pero no se trata de eso, se trata de reencontrarse con el sentir "volver a ser", renacer como "Ser Humano".
Ya lo dijo el Dalai Lama: “Claro, el desarrollo material es esencial y muy útil, pero es un error esperar que todos nuestros problemas se resuelvan a través de medios externos. Sin embargo, cuando el desarrollo material y el espiritual se combinan, podemos lograr nuestra meta de una vida feliz. Por lo tanto, mientras nos enfocamos en el desarrollo material, es esencial poner atención en nuestros valores internos también”.
“Las cualidades del espíritu humano son el amor y la compasión, la paciencia, la tolerancia, etcétera, que aportan la felicidad tanto a uno mismo como a los demás. (…) Por lo tanto, no existe razón alguna para la cual no deba el individuo desarrollarlas, incluso hasta su grado máximo. (…) de ninguna manera podemos prescindir de esas cualidades espirituales básicas”.
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