ESCUCHA CONSCIENTE: ¿Realmente sabemos escuchar?

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

8 de abril de 2021

ESCUCHA CONSCIENTE: ¿Realmente sabemos escuchar?

«Quien no te quiere oír, no te escucha, Ni siquiera si gritas. Quien te quiere entender, Te entiende Incluso si no hablas».

¿A quién escuchamos? ¿Quién nos escucha? Llevo años haciendo esta pregunta a muchas personas y curiosamente la contestación suele ser siempre la misma: “a pocos” y “pocos”. Porque para que se dé la escucha ha de darse una decisión responsable, una actitud y un deseo de querer comprender, con el corazón limpio, el universo de la otra persona, sino jamás habrá escucha.

Si lo pensamos un poco, la escucha consciente es el acto de amor más verdadero que existe; se trata de poner toda nuestra delicadeza y atención en el otro y dejarnos transformar por sus palabras, no sólo con los oídos sino también con los ojos, la mente, el corazón, la piel y las entrañas. Ese otro ha puesto su corazón en sintonía con el nuestro, y entonces se produce uno de esos escasos momentos mágicos de la vida en plenitud. Ya que no podemos olvidar, que en lo más hondo, todos los seres humanos buscamos afectos, que alguien nos escuche con todo su ser es el gran regalo del alma para el alma.

Saber escuchar es cultivar el presente del otro, viviendo por primera vez lo que el otro revive una vez más; es acompañar y dejarse tocar por su narrativa, fuera de nosotros mismos, para bucear en una perspectiva desconocida, probablemente incomprensible, tal vez incontrolable, absurda, hermosa… sea como sea, diferente.

Sin embargo, pese a que ese viaje de buceo puede resultar tan singular y enriquecedor, no solemos arriesgarnos a emprenderlo, porque se nos dan una serie de condicionantes que nos limitan y nos impiden escuchar.

  1. Los ruidos internos y externos
  2. El orgullo, la prepotencia, y el monólogo del ego: pensar en responder y no en comprender
  3. La mente rígida: creer que tenemos la razón y hemos de imponer nuestra opinión o dar un sabio consejo
  4. Los sesgos, las suposiciones, prejuicio, estereotipos, distorsiones cognitivas (dar por hecho determinadas suposiciones, aunque no exista evidencia por ello)
  5. La multitarea: cuando estamos sólo interesados en alguna parte de la información y descartamos el resto o cuando mientras oímos estamos pensando en otras cosas, ambas tienen que ver con NO estar 100%, lo cual es una falta absoluta de respeto.
  6. La prisa, la ansiedad y el cansancio son también grandes detractores de la escucha.

Si ponemos el esfuerzo de combatir todos estos limitadores, nos daremos cuenta que al final la escucha es humildad, es dejarnos atrás nosotros, sin contestar a nada, para tratar de discernir al otro, de verle y comprenderle, entonces aprenderemos otros puntos de vistas, otras experiencias, otras maneras de vivir la vida, ni mejores ni peores, distintas a las nuestras.

«Cuando hablar solo repites lo que ya sabes, pero cuando escuchar quizás comprendas algo nuevo». Dalai Lama.

Tras muchos años ejercitándome en este amado arte de la escucha consciente, creo que si queremos o necesitamos evolucionar en nuestros niveles de atención hemos de transitar estos 3 pasos:

1. PASO I: COMENZAR ESCUCHARNOS A NOSOTROS MISMOS

Es decir, tomar la determinación de atender lo que nuestro SER quiere mostrarnos: sentimientos, pensamientos, necesidades, recuerdos, memorias. Necesitamos momentos de silencio, en lo que estar con nosotros, en el mismo lugar y hora, si fuera posible, para desarrollar el hábito de observarnos y prestarnos atención hacia adentro. Quién no se sabe escuchar raramente podrá escuchar al otro.

«No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo». Oscar Wilde.

Entonces, una vez que hayamos detenido nuestro ruido mental, nos daremos cuenta que las cosas no son como creíamos, esas eran nuestras interpretaciones, sino que son como son. Lo mismo pasa con nosotros, somos quien somos, no quien nos dijeron, ni quien queríamos ser, ni quienes pensábamos que éramos. Sólo necesitamos darnos permiso de ser, de conectar con el interior propio para reconectar con nuestra esencia infinita.

2. PASO II: SALIR DEL «YO»

Curiosamente la palabra escucha contiene las mimas letras que silencio, y esa es justo la clave, silenciar nuestro ser y estar presente para el otro.

«La sabiduría viene cuando uno es capaz de aquietarse. Sólo mira, sólo escucha. No hace falta nada más. Aquietarse, mirar y escuchar activa la inteligencia no conceptual que anida dentro de ti. Deja que la quietud dirija tus palabras y tus acciones». Eckhart Tolle.

Necesitamos acallar nuestro egoísmo, nuestras ganas de omnipresencia: nuestro ego que sólo tiende a asumir etiquetas, a emitir juicios. Hemos de recordar que no somos el ego, aunque este forme parte de nosotros, por eso para escuchar necesitamos neutralizar nuestras voces, saber que están ahí, pero no hacerles caso, permitirles que se vayan. Hemos de ser disciplinados en esto, para aquietarnos, y sólo desde esa quietud podemos dar el siguiente paso.

3. PASO III: ACOGER AL «TU»

«Cuando escuchamos con todo nuestro ser, estando presente, sin quedarnos enganchados en nuestros propios pensamientos, conseguimos que otro ser humano se sienta respetado, amado, empoderado, por eso hemos de abrirnos más allá de nuestros esquemas personales, y lanzarnos a conocer a un ser legítimo, autónomo y diferente. Ir hacia él, con atención y respeto, hasta observar que nos deja entrar en su mundo privado, permitir con calidez que vacíe su corazón y acogerle con una oreja amorosa que averigüe cómo se le presenta la vida y cuál es su verdad.
Lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa». Juan Donoso Cortés.

Ya para concluir, os dejo con este pequeño texto de O’Donnell, R que creo que resume muy bien todo lo que he querido expresar en este artículo:

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a aconsejarme, no estás haciendo lo que te pido.
Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a decirme que yo no debería sentirme así, no estás respetando mis sentimientos.
Cuando te pido que me escuches y tú piensas que debes hacer algo para resolver mi problema, estás decepcionando mis esperanzas:
¡Escúchame!
Todo lo que pido es que me escuches, no que me hables ni que te tomes molestias por mí.
Escúchame, sólo eso. Es fácil aconsejar, pero yo soy capaz; tal vez me encuentre desanimado y con problemas, pero no soy incapaz.
Cuando haces por mí lo que yo mismo puedo y tengo necesidad de hacer, no estás haciendo otra cosa que atizar mis miedos y mi inseguridad.
Pero cuando aceptas simplemente que lo que siento me pertenece a mí, por muy irracional que sea, entonces no tengo por qué tratar de hacerte comprender más, y tengo que empezar a descubrir lo que hay dentro de mí.

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