De qué sirven las emociones cuando no se pueden “compartir”
1 de septiembre de 2009De qué sirven las emociones cuando no se pueden “compartir”, acabo le leer esa frase en una novela de Anna Gavalda, y realmente la comparto.
De qué sirven las emociones cuando no se pueden “compartir”, acabo le leer esa frase en una novela de Anna Gavalda, y realmente la comparto.
Hoy estaba pensando que hay formas y formas de abrazar. Hay abrazos sentidos y no sentidos:
Los abrazos sentidos son aquellos en los que dos o más personas fusionan sus cuerpos y se dejan llevar por esa energía de calor, sintiéndose con fuerza. Se produce como una atracción de un cuerpo hacia el otro, y uno llega a sentir plenamente a la otra persona.
“Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.”
G. BERNARD SHAW
La vida del ser humano es una constante toma de decisiones, cuyo fin último siempre es hallar “la felicidad”. Las elecciones pueden ser tanto triviales como profundas, pero las consecuencias son siempre las mismas, si uno toma la decisión adecuada siente satisfacción y plenitud, en cambio si se equivoca, inmediatamente se siente insatisfecho y en desequilibrio.
Lo primero es concederte el permiso de ponerte tú en el primer lugar. Sí, es cierto, puede sonar egocéntrico, y lo es, pero sólo cuando tú te preocupas bien de ti y te cuides con esmero, estarás verdaderamente disponible para otros. Cómo vas a ayudar a otros si ni siquiera eres capaz de cuidarte ti.
En la vida hay que tomar decisiones, a veces te equivocas, pero da igual, toda equivocación tiene un aprendizaje, y todo fracaso es un primer paso hacia el éxito.
El ser humano se está volviendo individualista, lo que para nada es igual que individual:
Las personas individualistas van a lo suyo, no piensan en el otro, les da igual todo lo que no sean ellos y sus circunstancias. Cambian la ley humana, por la de la selva, que como sabemos es animal.
El ego no es quienes somos en realidad. El ego es nuestra auto-imagen; es nuestra máscara social; es el papel que estamos representando. Por miedo, consumimos la máxima cantidad de energía en aumentar nuestras cualidades e incluso en atribuirnos facultades que no tenemos.
El ser humano no puede vivir de espaldas a sí mismo, y los últimos años los hemos vivido así, sin pensar, sin saber en realidad a donde íbamos. En apariencia, los dictámenes del consumo nos lo ponían todo claro: “eres lo que tienes”.
Dicen que cuando la ira ataca, hierve la sangre, y estoy convencida que algo así ocurre, porque la temperatura corporal sube, la cara se nos ruboriza, y nos quedamos enganchados en esa emoción como si no hubiera nada más en la vida.
En la ciudad se disfruta poco lo pequeño o a veces ni siquiera se disfruta. Hoy he ido a comprar verduras al mercado de Samana, y disfruté lavándolas, cortándolas, oliendo cada una, mezclándolas con las manos. Luego hice mermelada de mangos… todo me llevo unas dos horas, el precio 5 euros, más barato que una entrada de cine.