El síndrome de la soledad

7 de febrero de 2015

El síndrome de la soledad

Tiene que ver con ese eco interior que escuchan las personas que se sienten solas en el mundo, que buscan constantemente alguien, su alma gemela, que les llene el vacío, que les sacie esa soledad engendrada que se puede ver en los ojos de quienes la padecen.

La más terrible pobreza es la soledad y el sentimiento de no ser amado: sin un corazón Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad.

¿No sabes cómo salir de tu soledad?

Si necesitas mi ayuda contáctame hoy mismo: maryam@elmundodelasemociones.com o tel. 609840078

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El síndrome del Patito Feo

7 de febrero de 2015

El síndrome del Patito Feo

¿Te has sentido alguna vez como el patito feo del grupo? ¿Has rechazado mirarte al espejo por miedo a deprimirte ante lo que ves? ¿Has evitado relacionarte con otros porque tenías miedo que se burlaran o rieran de ti? ¿Te has sentido como el patito del cuento que se sentía rechazado por que le consideraban feo por su color grisáceo? ¿Necesitas excesiva aprobación de los demás? ¿Te obsesionas con tu aspecto físico? ¿Nunca te ves suficientemente bien?

Este síndrome propiciado sobre todo por la influencia de los medios de comunicación y los altos estándares de belleza actual, se caracteriza tener una percepción errónea o exagerada de defectos físicos imperceptibles o imaginarios que la persona se inhiba, y tenga especial sensibilidad al rechazo y la crítica; vulnerabilidad.

¿Eres el patito feo de tu grupo?

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El síndrome de la “niña buena”

4 de febrero de 2015

“El egoísmo no es vivir como uno desea vivir, es pedir a los demás que vivan como uno quiere vivir”. Oscar Wilde.

El síndrome de la "niña buena"

Síndrome de la “niña buena”: las mujeres que padecen este síndrome aprendido, se vuelcan en complacer a los demás por encima de ellas mismas. Sus necesidades quedan relegadas a un segundo plano, en pro de satisfacer las necesidades del otro, de agradar y complacer a todo el mundo. La niña buena es, además, aquella que hace lo que dicen los demás, siempre es obediente, pasiva, manipulable lo que le hace resultar a la larga bastante sosa, pues nunca sabes realmente lo que ella quiere (“Lo que tú quieras, mi amor”).

La “niña buena”, cree que todos son buenos, “si yo soy buena, todos lo serán conmigo”. Resulta que cuando alguien le engaña, se cree responsable del engaño, “esto fue por mi culpa”. Piensa que nadie tiene maldad, ni malas intenciones. Es tan fuerte la necesidad de ser querida que está dispuesta a sacrificar sus objetivos personales por conseguir la aprobación de los demás por eso se pasan la vida haciendo favores a la gente, que en realidad no quieren hacer.

¿Te sientes así? si necesitas ayuda contáctame Tel. 609840078 / maryam@elmundodelasemociones.com

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El síndrome de la margarita

4 de febrero de 2015

El síndrome de la margarita

Hay personas que se pasan la vida deshojando margaritas: ¿Me quiere no me quiere? ¿Me querrá en el futuro o no me querrá? ¿Ha querido más a otras que a mí? Es decir que se pasan la vida tratando de conocer el estado afectivo del otro respecto de ellas. Así, cada uno puede saber quién lo quiere y quién no, con el solo uso del instinto, la reflexión, el sentido común. Los hechos concretos y las palabras un apoyo constante -no siempre- y útil -hasta necesario- para el advertimiento de afecto, odio, indiferencia.

En alguna región de habla hispana, a mediados del siglo XVI -según algunos historiadores; a mí no me consta-, un joven caballero tímido y enamorado de una muchacha llamada Margarita, afondado en su carácter vergonzoso, se halló perdido ante la imposibilidad de reprimir el sentimiento y ante su obvia incapacidad de presentarse ante la muchacha para declararle su amor. Tenía temor; temor de perder su chance, pero también temor de ser rechazado. ¡Si tan sólo supiera que ella lo quería…; o que no lo quería!

Caminando por un floreado sendero, pensando en la bella Margarita, el joven observó un grupo de margaritas que descansaba al borde del camino. Muchas veces había imaginado metáforas y poemas que relacionaban a la dulce joven con aquellas flores de pétalos blancos y corazón amarillo. Encontrando en las metáforas apoyo emocional, el muchacho tomó una margarita como si fuera su Margarita y le preguntó: “¿Me quieres, o no me quieres? Dime. Si te confieso mi amor, ¿abrirás tus brazos y me recibirás con besos, o darás la vuelta y me rechazarás fríamente, con el frío de la espada que mata por accidente y pierde su brillo con la opacidad de la sangre sin dejar de relucir ante los ojos de los vivos que ignoran o conocen impersonalmente el infortunio?”.

Arrancó un pétalo y repitió “¿Me quieres?”. Arrancó otro y preguntó “¿No me quieres?”. Luego otro pétalo y “¿Me quieres?”; y otro y “¿No me quieres?”. El siguiente pétalo fue acompañado de una afirmación en vez de una interrogación: “Me quieres”. Luego “No me quieres”. El proceso continuó con el mismo orden reiterativo y cuando el muchacho arrancó el último pétalo que le quedaba a la margarita, diciendo “No me quieres”, comprendió con amargura que Margarita no lo amaba. Su pena fue grande. Su tristeza y consecuente sufrimiento lo llevaron al extremo de la depresión. Decidió que ya no quería vivir y bebió la cicuta de la muerte.

La noticia de su suicidio produjo fuerte dolor entre sus familiares y hay quienes dicen que particularmente fue una muchacha la que lo sufrió más: Margarita, la joven enamorada del fallecido caballero.

Las personas que viven con esas tesituras no están viviendo el momento.

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