Día de recuperación y puesta punto
El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'
31 de agosto de 2021
Pasar la noche en un autobús no fue tarea fácil. En el recorrido pudimos comprobar las buenas infraestructuras del país: autopistas bien señalizadas, estaciones de autobuses y de servicio totalmente nuevas (la gasolina a 0,7: hay que retirarse aquí). Pensábamos que Turquía era más rural, nos está llamando mucho la atención el parecido a Europa en muchas áreas. Además se respira por doquier la forma de vida mediterránea, lo cual a nuestro entender es saber vivir y disfrutar cada día.
El autobús era último modelo, con carrito de cafetería y todo, dos choferes que se iban turnando y un ayudante. Lo único que paraba cada 2 horas, con lo que pegar ojo se convirtió en una tarea casi imposible.
En estado decrépito por el agotamiento llegamos a un hotel spa, que a primera vista, por alguna que otra silla de ruedas y tacaca, tenía más visos de un balneario para la tercera edad que de un spa termal que era lo prometido. En estos casos siempre tenemos dos opciones: 1) deprimirnos o 2) sacarle partido. Ni que decir que elegimos la segunda y dedicamos el día a tomar baños termales naturales de bicarbonato y calcio, echarnos al sol y darnos un baño turco. No pudimos resistirnos a que nos diera un masaje con aceites, fue la manera de llevar adelante tanta visión de Inserso y de burkini.
Cenaremos temprano porque mañana queremos visitar bien Pamukkale, el llamado castillo de algodón turco, por sus aguas termales ricas en minerales que emanan de terrazas de roca travertina blanca.
Iremos bien descansaditas. De Serckanes en este lugar ni intentos, demasiado hombre caduquito, tirando a fosilizado. Y tampoco es eso.