La habitación de Oda

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

31 de agosto de 2021

La habitación de Oda

Finalmente dormimos a pierna suelta a toque de la llamada a la oración del minarete. Desayunamos orejones, almendras, uvas y una deliciosa confitura de higos con tostadas. Nuestra ruta: recorrer las 5 ciudades de la Cappadocia. Son alucinantes los paisajes poblados de chimeneas de hadas formadas tras las erosionadas.

También tuvimos la oportunidad de entrar, casi a gatas, a una de las ciudades subterráneas. Fueron cavadas en las rocas hace miles de años, para preservar alimentos y esconderse de los invasores romanos, mongoles y árabes. Están formadas por cientos de pasadizos increíbles en varios pisos, bajamos a profundidades de más de 85 metros.

Luego visitamos un monasterios en las rocas que sirvió de alojamiento a los comerciantes en la ruta de la seda. En ellas descubrimos la habitación de Oda (nuestro único Sercan por el momento) e Isa no pudo resistirse a esperarle en la cama hasta el anochecer. Lo que ocurrió lo dejo a vuestra imaginación.

Tres kilómetros de senderismo por el valle de Ihlara nos abrieron el apetito para comer en un auténtico restaurante junto al río: sopa de calabaza espaciada, ensalada, trucha con arroz y una sandia dulce de lo más sabrosa.

Visitamos una fábrica de gemas turcas, entre las que descubrimos la zultanita de color verde kiwi que cambia a un color rosado champán con la luz tiene fuentes de luz. Lo mejor fue que el relaciones públicas era mejicano y nos contó la extraordinaria historia de amor entre el sultán soliman y la esclava de la que se enamoro locamente. Nos mostró el añillo que le regalo con 4 aros unidos cada uno con una piedra preciosa: Esmeralda, la prosperidad; el rubí, el amor; los brillantes, la pureza y el zafiro, la fidelidad… Isa suspiró por comprarlo pero al final decidió esperar a que se lo le regalara su Serckan.

Nos fuimos directas a cenar, después de 12 horas en la calle, porque si entrábamos en el hotel no salíamos, encontramos un restaurante encantador, muy fashion, en el que de tomamos aceitunas rojas, una ensalada verde súper completa y bacalao a la parilla. Eso sí siempre bien acompañado con un par de copitas de vino.

Un día maravilloso, de nuevo.

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