El síndrome de la margarita

4 de febrero de 2015

El síndrome de la margarita

Hay personas que se pasan la vida deshojando margaritas: ¿Me quiere no me quiere? ¿Me querrá en el futuro o no me querrá? ¿Ha querido más a otras que a mí? Es decir que se pasan la vida tratando de conocer el estado afectivo del otro respecto de ellas. Así, cada uno puede saber quién lo quiere y quién no, con el solo uso del instinto, la reflexión, el sentido común. Los hechos concretos y las palabras un apoyo constante -no siempre- y útil -hasta necesario- para el advertimiento de afecto, odio, indiferencia.

En alguna región de habla hispana, a mediados del siglo XVI -según algunos historiadores; a mí no me consta-, un joven caballero tímido y enamorado de una muchacha llamada Margarita, afondado en su carácter vergonzoso, se halló perdido ante la imposibilidad de reprimir el sentimiento y ante su obvia incapacidad de presentarse ante la muchacha para declararle su amor. Tenía temor; temor de perder su chance, pero también temor de ser rechazado. ¡Si tan sólo supiera que ella lo quería…; o que no lo quería!

Caminando por un floreado sendero, pensando en la bella Margarita, el joven observó un grupo de margaritas que descansaba al borde del camino. Muchas veces había imaginado metáforas y poemas que relacionaban a la dulce joven con aquellas flores de pétalos blancos y corazón amarillo. Encontrando en las metáforas apoyo emocional, el muchacho tomó una margarita como si fuera su Margarita y le preguntó: “¿Me quieres, o no me quieres? Dime. Si te confieso mi amor, ¿abrirás tus brazos y me recibirás con besos, o darás la vuelta y me rechazarás fríamente, con el frío de la espada que mata por accidente y pierde su brillo con la opacidad de la sangre sin dejar de relucir ante los ojos de los vivos que ignoran o conocen impersonalmente el infortunio?”.

Arrancó un pétalo y repitió “¿Me quieres?”. Arrancó otro y preguntó “¿No me quieres?”. Luego otro pétalo y “¿Me quieres?”; y otro y “¿No me quieres?”. El siguiente pétalo fue acompañado de una afirmación en vez de una interrogación: “Me quieres”. Luego “No me quieres”. El proceso continuó con el mismo orden reiterativo y cuando el muchacho arrancó el último pétalo que le quedaba a la margarita, diciendo “No me quieres”, comprendió con amargura que Margarita no lo amaba. Su pena fue grande. Su tristeza y consecuente sufrimiento lo llevaron al extremo de la depresión. Decidió que ya no quería vivir y bebió la cicuta de la muerte.

La noticia de su suicidio produjo fuerte dolor entre sus familiares y hay quienes dicen que particularmente fue una muchacha la que lo sufrió más: Margarita, la joven enamorada del fallecido caballero.

Las personas que viven con esas tesituras no están viviendo el momento.

¿Te sientes así? si necesitas ayuda contáctame Tel. 609840078 / maryam@elmundodelasemociones.com

Deja un comentario


El mundo de las emociones
Resumen de privacidad

Cuando visita un sitio web, puede almacenar o recuperar información en su navegador, principalmente en forma de cookies. Esta información puede ser sobre usted, sus preferencias o su dispositivo y se utiliza principalmente para hacer que el sitio funcione como esperaba. La información generalmente no lo identifica directamente, pero puede brindarle una experiencia web más personalizada.