Día 11: Hakone adventure

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

20 de agosto de 2016

Día 11: Hakone adventure

Hoy salimos de Tokio sobre las 10 de la mañana con destino a la gran aventura del viaje: monte Fuji, ya sin ticket para el tren bala (Shinkansen). Cogimos primero el metro, luego un tren local, luego un tren de montaña estiló suizo que nos fue llevando monte a través y finalmente un autobús, al final después de unas cuantas horas, mejor no contar, llegamos a nuestros Ryokan (un spa japonés con baños termales de aguas sulfurosas).

La entrada fue triunfal: después de quitarnos los zapatos, nos pasaron a una salita en la que había una balda con dos marcas oscuras y una especie de apoya pies en el suelo, sin dudarlo nos sentamos en las marcas oscuras y pusimos los pies en esos cojínitos. Cuando llego la mándame Japo nos indicó que nos sentáramos donde habíamos puesto los pies. Al sentarnos nos pusimos mirando a la pared y nos volvió a pedir muy amablemente que nos sentáramos al revés mirando el jardín. Entonces nos abrió las carpetitas marrones (donde nos habíamos sentado) para hacer el check in. Fue tal la paletada que nos dio tal ataque de risa que casi no pudimos disfrutar la taza de té y el dulce de recibimiento.

Luego nos acompañó a nuestra habitación, toda de tatami, súper al estilo de aquí. Después de descansar un poquito nos dedicamos al dulce placer de cuidarnos: baño termal, agua fría, baño termal, duchita, cremitas, mascarilla… Y luego cena picnic en la room, eso sí vestidas de kimono.

Publicado en El Diario de Maryam | No hay comentarios »

Día 8: Shirakawago y Kanasawa

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

17 de agosto de 2016

Día 8: Shirakawago y Kanasawa

Tras dormir plácidamente en el tatami, desayunamos café con tostadas en el café Don, escuchando opera, una delicia – auténtica exaltación de la sensibilidad. Luego nos fuimos a la estación de Autobús rumbo a Shirakawago, un pueblo de granjas familiares del siglo XVI, patrimonio de la UNESCO. La forma de las granjas recuerdan a las manos de los monjes budistas rezando. Tienen el techo de heno y están entre jardines de flores y arroz surcados por pequeños canales. Semejaban a un nacimiento o una aldeita asturiana. El clima era parecido.

Luego nos fuimos a Kanazawa una moderna ciudad ya lindando con el mar, nos gustó muchísimo, tanto que nos dio pena no poder dedicarle más tiempo. Paseamos por el Jardín de Kenrokuen, típico del periodo Edo japonés (1603-1868), parecía un jardín de bonsais gigantes, con riachuelos y fuentes. Todavía hoy se pueden ver japonesas paseando en kimono y la sombrilla de rigor. Los estampados de los trajes y la combinación de colores es de un gusto exquisito. Japón es el país de la sensibilidad. No pude evitar perseguirlas hasta conseguir una foto.

Este jardín debe ser maravilloso en primavera con los cerezos en flor.

De vuelta en Takayama decidimos probar para cenar la carne de wagu japonés, especialidad de la zona. Fuimos a un restaurante típico de los que se entra descalzo y uno se sienta sobre los tatamis del suelo, nos pusieron sopa de miso, arroz y carne a la brasa con verduras que nosotras mismas cocinamos. Hemos de confesar que pese a nuestras resistencias nos chupamos literalmente los deditos. Toda una experiencia.

Publicado en El Diario de Maryam | No hay comentarios »

Día 7: viaje a Takayama, los Alpes japoneses

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

16 de agosto de 2016

Día 7: viaje a Takayama, los Alpes japoneses

Cogimos el tren bala con asientos reservados, aún mejor, cero estrés y perfecta precisión, para cada vagón hay una puerta con un número que se abre automáticamente según llega el tren, mientras se espera en una fila perfectamente ordenada. Se puede distinguir claramente quienes son los extranjeros recién llegados al país: todos descolocados, fuera de la fila y en donde no hay puerta.

Nos sigue sorprendiendo la limpieza de este país, no sólo limpian con un plumero los cajeros, los WC y los funiculares después de cada uso, sino también aspiran los andenes constantemente.

Tras el viaje de 5 horas llegamos a Takayama, un pueblito en los Alpes, los habitantes aparentan más rudos, sobre todo menos sofisticados que en Ginza (Tokio). Nos alojamos en una enorme casa japonesa de madera súper especial. Todas habitaciones cuentan con futones tradicionales sobre un suelo de tatami (tejido de paja) que sólo se puede pisar descalzos. En el centro hay una zona común de estilo antiguo con muebles de madera y vigas a la vista, en la que uno puede relajarse.

El barrio antiguo de Takayama es precioso. Un pequeño Kioto con casas de madera oscura y aroma a viejo. Según paseábamos se nos fue haciendo de noche y el estómago estaba a punto de sucumbir, así que como cada noche nos lanzamos a la búsqueda de las banderas italianas, caminábamos, caminábamos, preguntábamos, seguíamos caminando, marcha adelante, marcha hacia atrás pero fue imposible encontrarlas. Cuando ya estábamos a punto de la desesperación e inanición nos topamos con un restaurante francés encantador. Comimos una ensalada verde (que gusto), mejillones, jamón con melocotones japoneses (más parecidos a nuestras paraguayas), pan con aceite y una botella de vino… nos pareció un manjar celestial sobre todo teniendo en cuenta que a la hora de comer solemos tomar frutos secos, plátanos y alguna cosita más si cae.

¡Que delicia de viaje!

Publicado en El Diario de Maryam | No hay comentarios »