Día 4: «SI al sombrero vietnamita, NO a la sopa flotadora»

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

2 de agosto de 2018

Día 4: "SI al sombrero vietnamita, NO a la sopa flotadora"

Tras dormir unas 9 horas a pierna suelta y desayunar copiosamente, decidimos irnos a la peluquería para también vivir esta experiencia, por 6 euros y un masaje lavado de casi media horas nos dejaron como en Llongueras, aunque pensamos que íbamos a dejar allí la cabellera.

Luego decidimos pasear al fluir sin destino por la zona francesa y por los mercadillos, las pequeñas tiendas de barrio y el sinfín de puestos callejeros. Nos resulta cómodo y curioso que las tiendecitas de Hanoi sigan los principios comerciales chinos, de que las tiendas de temática similar están agrupadas en la misma calle, para crear más negocio y ayudarse unos a otros. Como hacia calor nos compramos el sombrero que llevan las vietnamitas de origen humilde, ha sido nuestra salvación para la lluvia y el sol (donde fueres haz lo que vieres).

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Día 3: «Somos elegantes»

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

14 de agosto de 2017

Día 3 "Somos elegantes"

Ayer después de un desayuno copioso, con huevos, frutas, pan de centeno recién horneado y café «tinto» como aquí lo llaman al puro café colombiano -que rico-, nos fuimos en minibus de regreso a Bogotá, no nos apetecía más pueblo y el tiempo que le habíamos dedicado a Bogotá nos había parecido escaso.

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Imprevistos

8 de abril de 2010

Hay días como hoy que uno empieza el día con ilusión, que pasea por la playa, luego se va a desayunar al lugar que le gusta, y luego viene dispuesto a trabajar con calma, y una llamada imprevista, le hace cambiar su estado anímico. ¿Qué hacer en estos casos? 

Respirar hondo, permitirse estar preocupado, parar y pensar como vamos a seguir el día… ASI ES LA VIDA

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Viajes de trabajo

13 de marzo de 2010

A mi entender los viajes de trabajo solo son un rollo. Acabo de regresar de Milán y definitivamente no me gustan: vuelas a un lugar que no ves, te metes en un hotel impersonal donde comes, cenas y duermes sola (salvo que te busques un ligue, que para algunos siempre es una opción), te reúnes, te vuelves a reunir, te vas del país con la maleta y el ordenador al hombro, y realmente casi no sabes donde has estado.

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