Día 12: Playa Manglares Baru

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

23 de agosto de 2017

Día 12: Playa Manglares Baru

Después de desayunar tranquilas y empacar una maleta que ya está a rebosar, nos vinieron a recoger del hotel de Baru y tras una hora de recorrido pudiendo descubrir la Cartagena moderna de altas edificaciones, llegamos al hotel.

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Día 2: El tiempo se detuvo en Villa de Leyva

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

13 de agosto de 2017

Día 2 El tiempo se detuvo en Villa de Leyva

Después de unas tres horas en microbús autóctono, parando en Tunja, llegamos a Villa de Leyva, un pueblecito patrimonio de Colombia edificado en un valle entre montañas y detenido en el tiempo, con calles empedradas, casas blancas coloniales con balcones de madera y miles de geranios y una enorme plaza principal, que es el centro neurálgico del pueblo, presidida por una catedral sencilla y restaurantes de todo tipo en las balconadas.

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Día 6: Isla de Miyajima

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

15 de agosto de 2016

Día 6: Isla de Miyajima

Hoy desde Hiroshima cogimos el ferry a la isla de Miyajima. Viajar por este país empieza a resultarnos ya muy fácil, tras la confusión inicial nos damos cuenta que está todo muy claro indicado, siempre y cuando no te salgas del procedimiento (algo difícil para mí. He de confesar que estoy progresando adecuadamente). Si ponemos atención ya llegamos a entender el japonés jaja.

La isla es un tesoro de 2 km en el mar Seto, lo primero que te sorprende es encontrar un Tori de más 16 metros en medio de la arena si hay marea baja o en el medio del mar (mucho más bonito) si hay marea alta. Con nuestra suerte tuvimos la ocasión de verlo de las dos formas.

Luego nos fuimos caminando al parque Momijidani sin ser consciente que poco más que era una escalada de 3 horas al monte Misen, sin dudarlo, bajo un sol de justicia, nos encaminamos monte arriba 530 m. Por el camino descubrimos un templo por la Paz que tiene una llama encendida desde hace más de 1200 años, dicen que la encendió un asceta que quedo allí más de 100 días, yo creo que fue para recomponerse de la subida, porque madre mía… bajamos en funicular.

Luego Isa probó las ostras a la plancha, mangar típico del lugar, para quien le gusten, yo preferí un zumito de kiwi, el sabor me resulto más seguro.

De regreso, ya en Hiroshima como llovía a cántaros decidimos probar el tranvía. Creo que nos faltaba aún un poco de aventura, al bajarnos nos cayó una tromba de agua que prometía dejarnos empapadas si no hubiera sido por el súper impermeable que encontramos por 5 euros en el Seven Eleven… El piezon modelo muji para nuestros demás viajes: una joya cuya calidad es de difícil hallazgo.

Acabamos el día al son del penne arrabiata, el risotto y la botella de vino bianco de rigor. Por cierto, también estamos perfeccionando el italiano con acento nipón.

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