Día 4: «SI al sombrero vietnamita, NO a la sopa flotadora»

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

2 de agosto de 2018

Día 4: "SI al sombrero vietnamita, NO a la sopa flotadora"

Tras dormir unas 9 horas a pierna suelta y desayunar copiosamente, decidimos irnos a la peluquería para también vivir esta experiencia, por 6 euros y un masaje lavado de casi media horas nos dejaron como en Llongueras, aunque pensamos que íbamos a dejar allí la cabellera.

Luego decidimos pasear al fluir sin destino por la zona francesa y por los mercadillos, las pequeñas tiendas de barrio y el sinfín de puestos callejeros. Nos resulta cómodo y curioso que las tiendecitas de Hanoi sigan los principios comerciales chinos, de que las tiendas de temática similar están agrupadas en la misma calle, para crear más negocio y ayudarse unos a otros. Como hacia calor nos compramos el sombrero que llevan las vietnamitas de origen humilde, ha sido nuestra salvación para la lluvia y el sol (donde fueres haz lo que vieres).

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Día 3: «Del lujo a la cutrez»

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

31 de julio de 2018

Día 3: "Del lujo a la cutrez"

Tras un vuelo muy bueno, llegamos a Hanoi casi sin dormir a las 13 horas, gestionamos el visado sin ningún problema y nos encaminamos al supuesto hotel de categoría «fantástico».

Al ver los dos patos en la puerta, los dos leones de mármol en el interior, así como los múltiples repujados de oro nos damos cuenta en el acto que hemos de bajar nuestras expectativas inmediatamente, y movernos más bien en la escala de lo «cutre».

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Día 2: «Las 3:30 am son del día siguiente»

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

31 de julio de 2018

Paseamos sin rumbo, entre la neblina del desierto y el calor, por una ciudad de apariencia marciana, en la que apenas ves dubaitis (ellos vestidos de blanco y ellas de negro frecuentan malls, clubs y restaurantes), en la calle se ve más a los indios, pakistaníes, bangladeshis… la nueva esclavitud del XXI.

No podemos olvidar que hace tan sólo 70 años Dubái era un desierto donde modestos comerciantes luchaban por sobrevivir, hasta qué la fiebre del oro negro se apodero de ellos. Hoy es una tierra de contrastes en la que conviven la ostentación de los nuevos ricos, compitiendo entre si por demostrar su poderío con miles de excentricidades y las trabajadores y comerciantes mas humildes que quieren que te lleves a toda costa cashimire, azafrán o joyas de oro.

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