Viviendo una vida sin certezas: Gestión de la incertidumbre

1 de abril de 2020

Viviendo una vida sin certezas: Gestión de la incertidumbre

Autora: Maryam Varela, experta en Inteligencia emocional y colaboradora de La Salle IGS.

Vivimos tiempos íntimos, intensos, muy alejados de nuestras certezas, de nuestra cotidianidad. Sentimos mucha ansiedad al tener que manejarnos en este nuevo espacio de incertidumbre, no nos sentimos cómodos entre tanta vacilación, creemos que nos falta «nuestra vida», y no nos estamos dando cuenta que esta es la vida ahora.

«Uno nunca sabe lo que va a suceder. Y es hermoso que uno nunca lo sepa. Si fuera predecible, no valdría la pena vivir la vida. Si todo fuera como te gustaría que fuese y si todo fuera una certeza, no serías un hombre, serías una máquina. Sólo existen certezas y seguridades para las máquinas». Osho.

Personalmente pienso que lo que nos está sucediendo no es algo casual. Jung hablaba de la «sincronicidad», de cómo las cosas ocurren por algo, de cómo todo pasa por una razón y se da sólo cuando llega el momento justo. En la actualidad, estamos en una coyuntura muy importante de cambio, de dolor. La humanidad entera está sufriendo, pero quizás no somos plenamente conscientes que, como ha ocurrido en tantas otras épocas históricas, que es justo ese gran dolor el que está movilizando el cambio, es efectivamente el elemento transformador del que puede surgir algo nuevo. Todo sufrimiento nos prepara para tener una visión distinta de las cosas, de la vida, de la propia realidad.

El ser humano, ahora, necesita dejar de responder al ingente número de estímulos al que estaba acostumbrado. Ahora ha de parar la mente efervescente para dedicarse a decidir su propia vida. La herramienta más útil en estos tiempos es apostar por crecer como seres humanos, son tiempos maravillosos para empezar a aventurarnos en este camino, para vivir con mayor consciencia e introspección.

En ese «QUÉDATE EN CASA» la vida nos presenta una oportunidad de explorar un nuevo mundo que hay dentro de nosotros, de echar el ancla y silenciarnos, de mirarnos hacia adentro, de cuestionarnos quienes somos y a donde vamos para poder darle un verdadero sentido a nuestra vida.

En este proceso de crecimiento, pasaremos por 3 etapas, no importa en cuál estemos, no tengamos prisa, lo importante es vivirlas y aprender de nosotros en cada una de ellas.
Pasamos por 3 etapas:

1. La incertidumbre: sentimos miedo, ansiedad, porque no sabemos qué va a pasar, ni lo que puede ocurrir. Este un sentimiento de desasosiego, de «no caber en nosotros», de preocupación, de estrés y hasta incluso pavor, es el que nos ha llevado a comprar movidos por el pánico, a estar irritables…

La realidad de hoy es la incertidumbre, nos toca tener claro y aceptar, que está y estará siempre. En verdad siempre ha estado, pero nosotros pensábamos que lo podíamos tener todo controlado. El toparnos con ella tan brutalmente nos lleva a tener que aprender rápidamente a convivir con «la no certeza», con «el no control de nada y de nadie». Por eso en esta etapa lo importante es admitirla como parte integrante de nuestra vida. ¿Y eso cómo se hace?:

Lo primero, es conectar con nuestra emoción presente: el miedo, aceptar que lo tenemos, y que este nos causa problemas de sueños, de comer o beber en exceso, de no poder detener la mente, de enfadamos por las más insignificantes nimiedades etc…. No estamos acostumbrados a manejarnos con esta emoción, hasta ahora pensábamos que tener miedo era cosa de cobardes, de débiles… y nunca lo hemos querido admitir en nosotros. Cuando tener miedo es de personas. Todos lo tenemos. Todos somos seres vulnerables, y justo eso es lo que nos humaniza.
A continuación, necesitamos cuestionarnos qué de lo que nos está ocurriendo, depende de nosotros, si hay algo que podamos hacer, si así es hagámoslo y si no es nuestra responsabilidad, aparquémoslo.

Viviendo una vida sin certezas: Gestión de la incertidumbre

Por último, ahora mira la situación como si estuvieras volando sobre ella, con perspectiva, porque no está en tu zona de influencia, y céntrate exclusivamente en decidir con que actitud vas a decidir vivirla y que acciones están en tu mano hacer para cuidar de ti y de tu familia.

2. El aprendizaje: cuando hemos asumido nuestro miedo, comenzamos a soltar el control y estamos listo para aprender a cultivar la presencia: saber lo que estamos sintiendo aquí y ahora, estar completamente consciente de todo lo que es, para poder empezar a convivir con ello. Admitimos lo que nos toca vivir, que es tan irreal y real. Se trata de volver a habitarnos, a tratarnos bien, a estar en nuestro centro e invertir en nosotros mismos. Estos simples principios de nos pueden servir de guía:

Viviendo una vida sin certezas: Gestión de la incertidumbre

Estar presente es observar, parar, respirar, observar a nuestro alrededor, sentir lo que sentimos, escuchar nuestro cuerpo, apreciar los olores, saborear gustos, y expresar libremente nuestras emociones, sensaciones o pensamientos. Poner atención a lo que nos rodea, apreciarlo y agradecer cada pequeña cosa que cada día nos regala la vida.

«Toda la negatividad es causada por una acumulación de tiempo psicológico y la negación del presente. El malestar, la ansiedad, la tensión, el estrés, la preocupación y todas las formas del miedo son causados por mucho enfoque en el futuro, y poca presencia. La culpa, el remordimiento, el resentimiento, la tristeza, la amargura, y todas las formas de la falta de perdón son causados por mucho enfoque en el pasado y poca presencia». Eckhart Tolle.

3. El crecimiento: según van pasando los días podemos ir analizando esas ideas que se están desarrollando en nosotros, esos nuevos pensamientos y sensaciones. Paramos para partir de ahí comenzar a buscar nuestro auténtico propósito en este mundo, nuestra determinación firme de hacer algo o, dicho de otro modo, la forma en que queremos aportar a esta sociedad, para que entre todos podemos contribuir a desarrollar una consciencia de unidad.

Encontrar tu propósito consiste en buscar ese valor que ofrecemos, eso que hacemos que tiene cierta trascendencia, que influye de alguna manera en la vida de otras personas, porque al final en esta última fase nos damos cuenta que nuestro bienestar está relacionado con el de los demás, de igual manera que está nuestro sufrimiento y el suyo. Por eso, este puede ser un gran momento para el agradecimiento. ¿Qué tal si comenzamos un diario de gratitud?

Existen numerosos estudios que han concluido que la gratitud entrega resultados integrales para quien la practique como hábito. Estos beneficios van muy ligados a la inteligencia emocional, pensamiento positivo, mejor salud, autoestima, foco y concentración, entre múltiples otros.

«RECONOCER LO BUENO QUE YA TIENES EN TU VIDA ES LA FUNDACIÓN DE TODA ABUNDANCIA». ECKHART TOLLE.

En conclusión, la gratitud genera un cambio de perspectiva sobre las experiencias adversas: notando el lado bueno de éstas y apreciando el aprendizaje, pues como hemos dicho la tolerancia a la ambigüedad y la incertidumbre, pese al duro sufrimiento, nos están en realidad abriendo un espacio para la exploración en el que podemos reconectarnos más profundamente.

Biografía de Maryam Varela:

Maryam Varela es experta en la aplicación práctica de la Inteligencia Emocional en el mundo empresarial. Lleva más de 25 años promoviendo, tanto en España como en Latinoamérica, la importancia de desarrollar El Coeficiente del Amor (LQ) en las organizaciones, junto con el coeficiente intelectual (IQ), el coeficiente emocional (EQ) pues es algo que «las máquinas nunca van a tener». Es autora de dos libros, El Mundo de las Emociones y Pasión, y coautora de Coaching Hoy.

«Las personas hemos de ser el CENTRO de la organización, no somos máquinas, tenemos almas, creencias y valores; somos creativos y estamos demostrando que podemos controlar a las máquinas. Cuenta en su haber más de quinientos talleres, conferencias y seminarios.

IMÁGENES DEL ARTÍCULO: ALEXANDRE-CHAMBON-UNSPLASH

Artículo publicado originalmente en https://contactcenterhub.es/viviendo-vida-sin-certezas-gestion-incertidumbre-2020-31-26036/

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Un deseo

12 de agosto de 2013

Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar. Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, mas no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie. Igualmente, te deseo que seas tolerante, no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que influyan en nosotros.

Te deseo de paso que estés triste, no todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a ti y digas: «Esto es mío», sólo para que quede claro quién es el dueño de quien.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.

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