Seres conscientes abiertos al amor

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

3 de marzo de 2021

Seres conscientes abiertos al amor

Actualmente se habla mucho de consciencia, de seres humanos consciente, hombre y mujeres conscientes, parejas conscientes… sin embargo, no sé hasta qué punto sabemos de lo que hablamos, pues ser consciente no es encender un interruptor de la noche a la mañana y cambiar nuestra vida, hacer mindfulness o cualquier técnica oriental de moda con la falsa promesa de abrirnos al despertar.

Personalmente creo que dar pasos hacia el camino de la consciencia es un trabajo que lleva una vida, que no acaba nunca, que muchas veces vas hacia delante, pero muchas otras hacia atrás, porque el EGO siempre está en juego, distrayéndonos con malas pasadas. Para transitar por dicho sendero se requiere mucho silencio, observación (las técnicas orientales ayudan), atención, dedicación y persistencia.

Abandonar es fácil, sobre todo cuando miramos a nuestro alrededor y vemos que muchos seres ni siquiera se plantean hacer el recorrido evolutivo, y aparentan más felices que nosotros. Hablo de apariencia porque la imagen que proyectamos y la realidad no suelen coincidir, pero en los momentos bajos, de desánimos, todos quisiéramos estar más dormidos, más inconscientes sobre nuestra propia vida. Y, por el contrario, esos son los grandes momentos del crecimiento, los golpes fuertes, los que nos van abriendo a ver ese otro lado más profundo y más fascinante de la propia vida.

Sé que hoy día queda muy bien exclamar eso de que «yo soy un ser consciente» y llenarnos la boca de ese orgullo y soberbia que nos sitúan por encima de los otros y nos hacen sentir tan poderosos. Si simplemente lo pensáramos un poco nos daríamos cuenta que esa afirmación no puede venir jamás de la consciencia, porque la consciencia es humilde, sencilla, modesta; esa información viene del ego, por eso cuando nos presentamos así vamos por el mundo de «iluminados» cuando en realidad lo que llevamos puesto es una venda que nos impide dilucidar cuando nos habla él (ego) o ella (consciencia), estamos ciegos en la senda del despertar.

Por eso pienso que lo primero es tener claro qué es en realidad la consciencia, que para nada es conciencia (responsabilidades y valores), tiene que ver con DARSE CUENTA, advertir, comprender, enterarse de todo lo que experimentamos, de nuestros procesos internos, del resto del mundo, de las cosas que pasan.

¿Qué es lo que experimentamos? Las sensaciones, percepciones, momentos, recuerdos, pensamientos, a través principalmente de los sentidos, esa sería nuestra consciencia primaria, si logramos profundizar en ella un tiempo, iremos avanzando y descubrimos que hay otra consciencia más reflexiva, esa desde la que observamos cómo somos, que ocurre en nuestro interior, esa que nos permite salirnos del mero cuerpo para ahondar en el alma. Entonces, habremos encontrado el verdadero desafío.

Para emprender esa ruta recién descubierta, los seres humanos necesitamos dejar de pisar el acelerador, realizar actividades con sabor al paso, des-mecanizarnos, recuperar la ilusión por lo sencillo, volver a deleitarnos de lo simple, de lo sencillo, de lo cotidiano, abrirnos al mundo de los afectos, arraigarnos al cariño, volver a conjugar el “ESTAR”: estar conectados con nosotros mismos en este presente efímero. Sólo desde esa conexión podremos ir hacia la esencia del otro y establecer con él, relaciones desinteresadas, en las que compartamos tiempo de devoción y atención profunda, en las que busquemos espacios para la palabra, en las que el amor sea consciente sin esperar que el otro nos haga felices o cubra nuestras necesidades, pues el verdadero amor es benevolente y compasivo, es querer que haya más otro, lo mejoramor para él, no para uno mismo, no es egoísta sino desinteresado.

Sólo siendo conscientes podemos amar con madurez, sin exigencias, y ese es el gran viaje de la vida. El que ama bien, ama con un corazón libre, se desarrolla, no aconseja, no convence, no compite, sino que abre sus ojos como si fuera un niño y sus orejas como si fuera un elefante para descubrir como es, siente, piensa el otro, dejando fuera los pensamientos egocéntricos, los juicios y las expectativas sobre como el otro “debería ser” y comportarse.

Lo que sustenta al amor es el modo de relacionarnos, no la relación en sí. Por tanto, amar estar 100% presentes, plenamente atentos, mirarnos y respirar al unísono, respetar, aprobar, aplaudir y aceptar al otro tal cuál es, sin querer cambiarlo. Sólo desde la propia consciencia de uno se puede llegar ahí.

«El verdadero amor no viene de pronto hacia uno mismo, sino que más bien, parte de nuestro propio interior».

El amor que no se nutre, que no se cultiva día a día, trae dudas, trae carencias, acaba deshilachándose de forma irremediable.

¿Te animas a acompañarme a impulsar la REVOLUCIÓN DEL LOVE? para transformar y humanizar nuestra sociedad. De lo que hablo es de tratar de incentivar la evolución del «LIKE» al «LOVE», de la velocidad a la calma, de la prisa al sosiego, del cuerpo presente a la concurrencia, del maltrato al buen trato, de la insatisfacción a la alegría.

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