Día 8: Shirakawago y Kanasawa

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

17 de agosto de 2016

Día 8: Shirakawago y Kanasawa

Tras dormir plácidamente en el tatami, desayunamos café con tostadas en el café Don, escuchando opera, una delicia – auténtica exaltación de la sensibilidad. Luego nos fuimos a la estación de Autobús rumbo a Shirakawago, un pueblo de granjas familiares del siglo XVI, patrimonio de la UNESCO. La forma de las granjas recuerdan a las manos de los monjes budistas rezando. Tienen el techo de heno y están entre jardines de flores y arroz surcados por pequeños canales. Semejaban a un nacimiento o una aldeita asturiana. El clima era parecido.

Luego nos fuimos a Kanazawa una moderna ciudad ya lindando con el mar, nos gustó muchísimo, tanto que nos dio pena no poder dedicarle más tiempo. Paseamos por el Jardín de Kenrokuen, típico del periodo Edo japonés (1603-1868), parecía un jardín de bonsais gigantes, con riachuelos y fuentes. Todavía hoy se pueden ver japonesas paseando en kimono y la sombrilla de rigor. Los estampados de los trajes y la combinación de colores es de un gusto exquisito. Japón es el país de la sensibilidad. No pude evitar perseguirlas hasta conseguir una foto.

Este jardín debe ser maravilloso en primavera con los cerezos en flor.

De vuelta en Takayama decidimos probar para cenar la carne de wagu japonés, especialidad de la zona. Fuimos a un restaurante típico de los que se entra descalzo y uno se sienta sobre los tatamis del suelo, nos pusieron sopa de miso, arroz y carne a la brasa con verduras que nosotras mismas cocinamos. Hemos de confesar que pese a nuestras resistencias nos chupamos literalmente los deditos. Toda una experiencia.

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