Día 3: «Del lujo a la cutrez»

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

31 de julio de 2018

Día 3: "Del lujo a la cutrez"

Tras un vuelo muy bueno, llegamos a Hanoi casi sin dormir a las 13 horas, gestionamos el visado sin ningún problema y nos encaminamos al supuesto hotel de categoría «fantástico».

Al ver los dos patos en la puerta, los dos leones de mármol en el interior, así como los múltiples repujados de oro nos damos cuenta en el acto que hemos de bajar nuestras expectativas inmediatamente, y movernos más bien en la escala de lo «cutre».

Sin pararnos demasiado, decidimos comenzar a vagabundear por la ciudad, pronto nos dimos cuenta que era un suicidio; la precisión para moverse entre los coches y motos, soportar las bocinas, olores y ruidos varios era excesiva. Sin embargo, al menos para mi, era reencontrarme con Asia de nuevo, mi origen, mi esencia y conexión más profunda. Entre Oriente y Occidente, siempre lo primero.

Caminamos por la ciudad a buen ritmo disfrutando con deleite del recorrido, cargado de arquitectura centenaria de influencia francesa y del sudeste asiático. El casco viejo es sencillamente «caótico», las calles son estrechas y es curioso ver como están distribuidas por oficios.

Al caer la tarde nos dieron un masaje de cuerpo entero, con aceites esenciales, que nos permitió seguir con fuerza hasta la hora de cenar y caer rotas al llegar al hotel.

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