Día 2: «Las 3:30 am son del día siguiente»

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

31 de julio de 2018

Paseamos sin rumbo, entre la neblina del desierto y el calor, por una ciudad de apariencia marciana, en la que apenas ves dubaitis (ellos vestidos de blanco y ellas de negro frecuentan malls, clubs y restaurantes), en la calle se ve más a los indios, pakistaníes, bangladeshis… la nueva esclavitud del XXI.

No podemos olvidar que hace tan sólo 70 años Dubái era un desierto donde modestos comerciantes luchaban por sobrevivir, hasta qué la fiebre del oro negro se apodero de ellos. Hoy es una tierra de contrastes en la que conviven la ostentación de los nuevos ricos, compitiendo entre si por demostrar su poderío con miles de excentricidades y las trabajadores y comerciantes mas humildes que quieren que te lleves a toda costa cashimire, azafrán o joyas de oro.

Nos encantaron los edificios, algunos auténticas joyas arquitectónicas, la zona vieja y la amabilidad de las personas.

Al caer la tarde tuvimos que regresar al hotel, pues entre charla y charla caímos en la cuenta de que las 3:30 am, hora de nuestro vuelo, no eran del 30/07 sino del 29/07, en el metro de vueltas nos pararon y nos pusieron una multa por no haber sacado el billete correcto. La verdad es que fueron bastante intolerantes por lo que no nos quedo otra que decirles, aunque no fuera verdad, que para nosotros esas monedas eran «cacahuetes».

Y en el hotel, dormimos 2 horas para amortizar y descansar un poco, nos duchamos y salimos para el aeropuerto, intentando asumir nuestro segundo despiste y dispuestas a dormir las 7 horas de vuelo a Hanoi.

Todo va muy bien, como siempre estamos disfrutando, descansando y riéndonos mucho.

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