Día 14: “Día de viaje de Da Nang a Ho Chi Minh y a Phu Quoc”

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

11 de agosto de 2018

Día 14: "Día de viaje de Da Nang a Ho Chi Minh y a Phu Quoc"

Hoy ha amanecido lloviendo, nos da igual porque toca viajar y por la nubes siempre hace sol. Al salir del hotel nos llevamos una grata sorpresa, pues de tanto protestar por el cambio de habitación y mantenernos firmes en la postura, decidieron devolvernos el precio de un día. La verdad es que al final me dió pena, sinceramente creo que me pase cuatro pueblos, quiero remediarlo en booking para que no me persiga el mal karma, pues pese a que nos toco dormir a las dos en una cama “queen”, estaban realmente angustiados y preocupados, y la suite era extraordinaria.

Al presupuesto le ha venido de perlas, pues con ese dinero podremos facturar las maletas “embarazadas” (por la forma que han cogido) sino no nos iban a dejar volar. Aquí son de lo más estrictos con este tema: sólo puedes llevar en cabina 7 kg (incluido maleta y bolso). Nosotras llevamos 11,5 kg y una mochila de 2kg. El otro día lo salvamos entreteniendo al de seguridad, pero no creo que hoy fuéramos a tener la misma suerte.

Al llegar a Saigón en conexión tuvimos oportunidad de ir a la sala VIP, finalmente en este país funcionaba nuestro Priority Pass, así que tuvimos la oportunidad de degustar una copiosa comida y vinito a doquier. La verdad es que comimos como si no hubiera mañana. Parece que hoy tenemos un golpe de suerte, curiosamente es el día que llevábamos nuestro presupuesto diario al mínimo, mas Bingo.

Volamos a la isla de Phu Quoc en 30 minutos, cuando llegamos llovía a mares y bingo: alguien del hotel al que no habíamos contratado estaba esperándonos. Allá nos fuimos corriendo, nos atendieron con toallitas humedas y agua e iniciamos el camino al hotel. Al poco de emprender el recorrido alguien llamó por teléfono para avisar al conductor que el pasaje que iba a recoger estaba aún esperando en el aeropuerto. Lo bueno fue que resolvieron como buenamente pudieron y nosotras seguimos sentadas como dos marquesas en nuestros asientos; el pobre pasaje iba detrás embutido.

Pese a la lluvia, en seguida nos dimos cuenta que el resort era un lugar de ensueño en medio de la naturaleza con playa privada. Nos llevaron a nuestra casita que ya me gustaría a mi para un día de fiesta… y todo, como el resto del viaje, a unos precios irrisorios.

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