Día 13: Las almas bonitas salen al encuentro

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

24 de agosto de 2017

Día 13: Las almas bonitas salen al encuentro

Ayer pasamos un día completo de playa, nos apetecía esta relajadas y tomar un poco el sol, nos habíamos quedado blancas como el algodón. Después de desayunar tomamos un taxi para ir a playa blanca. Estaba atestada de gente, pero siguiendo las indicaciones de Olga, caminamos media hora por la playa hasta llegar a una zona tranquila, allí pasamos el día bañándonos, bronceándonos y comiendo pez sierra a la plancha. Lo pasamos requeterico.

Al regreso Olga, la propietaria del hotel nos contó la historia de como ella había terminado aquí. Toda una heroína. Su marido compró la tierra sin verla y tardaron 2 años en venir. Cuando llegaron se encontraron que el terreno era poco más que una selva en un manglar, había osos hormigueros, culebras y todo tipo de animales.

Poco a poco fueron arreglando el terreno y construyendo una casita en la que poder quedarse. Un día a su marido le dieron un mal diagnóstico: 3 meses de vida. Decidió que quería morirse en playa Manglares, con lo que de Nueva York se vinieron para acá. En esa época sólo se podía llegar en barco o en burro, con un enfermo toda una odisea. Fueron pasando los meses y el en lugar de morir mejoraba, tanto que vivió 10 años más. Los médicos jamás se lo explicaron.

A los 10 años se murió charlando con ella, se apagó como un pajarito sin darse cuenta. Olga, una artista de la fotografía, se encontró con 50 años teniendo que decidir su porvenir. Tenía un hijo en Francia y otra en USA con los que se podía ir. También podía reinventarse en su oficio, pero en cambio decidió brear sola con este negocio y echarlo para adelante. Desesperó varias veces y apunto estuvo de tirar la toalla, y fue justo entonces cuando aceptó que había fracasado y que no podía luchar en contra de la vida, cuando el destino le cambió y aparecieron los primeros clientes y así de boca en boca se fue tejiendo una red de almas bonitas que la están ayudando a mantenerlo en pie.

La gran lección es que aquello contra lo que luchas, contraataca. En aquello que puedes aceptar y agradecer, puedes influir y controlar. Por eso es necesario acostumbrarse a aceptar lo que la vida traiga consigo, y dejar atrás el hábito de sentir miedo por lo que pueda suceder.

Cuando uno decide aceptar los altibajos de la vida y hasta los contratiempos terminan haciéndole avanzar.

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