Día 10: “Sobrevivir hacinadas en un tren vietnamita”

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

9 de agosto de 2018

Día 10: "Sobrevivir hacinadas en un tren vietnamita"

Hoy desayunamos y nos arreglamos con calma, no nos gustan nada los viajes check list… Lo nuestro es más a libre apetencia, si dejamos algo sin ver ahí se queda, de forma que así siempre tenemos una excusa para regresar.

Nos fuimos en taxi (son realmente baratísimos) a las afueras de Hue a ver la tumba Imperial Khai Dinh de Hue, en la que nos encontraremos con un pequeño patio con las casas de los mandarines a ambos lado y un patio de ceremonias, con las estatuas de piedra de los guardaespaldas del Emperador. Se nos olvidó llevar el sombrero y creímos morir abrasadas, la verdad que el casquete ha sido una excelente compra.

El resto del día vagabundeamos por la ciudad al ritmo de las ganas tomando té de hibisco o agua de flor de Jamaica, que está realmente riquísimo. Al caer la tarde empezó lo “heavy”: nos fuimos a la estación de tren a coger un tren de madera que nos llevara al siguiente destino Hoi An, nos sorprendió que no hubiera ningún mochilero blanquito, nos metieron en una sala de espera medio hacinadas, entre gente, maletas, comida y miles de cajas. A la hora que tendría que salir nuestro tren nos avisaron que llevaba 45 minutos de retraso, nadie dice nada, todos permanecen sentados. A la hora indicada, a grito humano, nos indican que salgamos a la vía de tren que curiosamente era al ras del anden. Al intentar subir, vino la hecatombe, nos empujan y pretendían subir al mismo tiempo que nosotras, pasando por encima, con lo que no nos quedo otra que sacar nuestro genio gladiator, hubo que ponerse serias para sobrevivir. Y yo encima con faldita.

Dentro no fue mejor, la gente estaba tumbada en el suelo durmiendo, tuvimos que saltar hasta nuestros asientos entre fragancias varias. Las horas se nos hicieron eternas. La bajada fue más suave porque nos pusimos las primeras en la puerta y no dejamos que pasara nadie… En estas situaciones el buenísmo no funciona, hay que sobrevivir.

Al llegar al hotel estábamos exhaustas, lo que nos hizo disfrutar más que nunca del entorno, la ducha y las sábanas blancas.

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