Día 1: Los contrastes de Bogotá

El diario de Maryam: 'Lo que no tengo a quien contar'

12 de agosto de 2017

Día 1: Los contrastes de Bogotá

Después de 15 días intensos de trabajo, casi en estado de agotamiento extremo, hemos comenzado nuestra aventura por Colombia. Como siempre el primer día toca tocar tierra, desconectar de todo y reencontrarnos de nuevo con nuestra esencia para poder disfrutar el viaje en presencia, viviendo cada instante en su totalidad.

Ayer estuvimos recorriendo el corazón de los Andes, Bogotá. Es la segunda vez que vengo a esta ciudad, tiene algo que me encanta, no me importaría pasarme acá algún tiempo, creo que las ciudades hay que vivirlas para opinar y hablar verdaderamente de ellas. Sin haberlo hecho aún, me atrevo a decir, desde las simples sensaciones, que me gusta la cantidad de verde que tiene, los contrastes de lo histórico y el siglo XXI, el horizonte de la cordillera de los Andes, caminar por el centro histórico-la Candelaria- respirando el pasado colonial, pasear por el parque 93, zona rosa y zona T. Tener la oportunidad de apreciar de el protagonismo que da Botero al volumen para hacer a sus figuras más sensuales («El volumen es una exaltación de la presencia de las cosas»). Todo empacado en ese tono melancólico de mañanas soleadas y tardes grises y lluviosas.

Caminar por Bogotá es hacer un «viaje en el tiempo» entre calles de piedra, añosas tiendas de rico pan de bono (pan de queso), de dulces, de chocolates, de librerías con olor a rancio, de zapaterías y sastrerías ancladas en el tiempo, de farmacias con halo de botica, pequeños cafetitos, restaurantes tradicionales y un montón de personajes curiosos. En oposición dentro de esa multiculturalidad y este bullicio uno se encuentra modernas construcciones, ricos edificios, entre parques con grandes ventanales e incluso helipuertos privados, centros comerciales de lujo, restaurantes de alta gastronomía realmente preciosos.

Y mención aparté hay que dedicar al descubrimiento de las HORMIGAS CULONAS: Asados y salados, estos insectos del tamaño de cucarachas se comen como si fuesen cacahuetes. Considerados una delicatesen, aún no las hemos probado, pero lo haremos.

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